Inflación : ¿Por qué suben los precios de las materias primas?

noviembre 11, 2021 § Deja un comentario

El siguiente artículo proviene de la página web Economipedia, escrito por Federico J. Caballero Ferrari el día 26 de agosto de 2021.

El precio de las materias primas no ha parado de crecer en los últimos meses y parece amenazar la incipiente recuperación económica mundial. ¿Qué hay detrás de esta subida histórica de los precios? ¿Cuáles pueden ser sus consecuencias? En este artículo lo analizaremos.

En las últimas semanas, el precio de las materias primas no ha dejado de crecer. Si atendemos a los principales indicadores económicos, los cuales persiguen la evolución de los precios de estos bienes esenciales en cualquier economía, podemos observar cómo la fuerte reactivación económica ha disparado la demanda, en tanto en cuanto dispara, con ella, el precio de las materias primas.

Europa, afectada por la crisis de las materias primas, sigue a la espera de una moderación que reduzca los daños de esa dependencia que le caracteriza. Estados Unidos sigue muy pendiente de la evolución de un IPC que marca máximos, y que le lleva a iniciar el tapering antes de tiempo. México, por su parte, ya ha comenzado la retirada de estímulos.

Y es que, como sabemos, el mundo se enfrenta a un encarecimiento que amenaza a la rentabilidad de unos empresarios descapitalizados, dicho sea de paso, por los efectos de la pandemia.

Ante semejante escenario, ¡veamos qué está causando este incremento en los precios!

¿Cuál es el papel de las materias primas en la economía?

«Es evidente que si las empresas deciden producir más ropa, estas demandarán más algodón a sus proveedores.»

Lo primero que debemos entender es que las materias primas son, ante todo, un factor de producción. Es decir, las materias primas son utilizadas en la fabricación de otros productos, por lo que no es un bien de consumo acabado. Esto significa que su destino no es el consumidor final, sino otros sectores que, a su vez, las transforman en bienes de consumo que, posteriormente, son adquiridos por los consumidores.

Por lo tanto, en ausencia de grandes cambios tecnológicos, podemos decir que la producción de bienes de consumo incide directamente en la demanda de materias primas. Si tomamos como ejemplo la industria textil, es evidente que si las empresas deciden producir más ropa, también demandarán más algodón, u otras materias primas utilizadas en la producción textil, a sus proveedores. Pues, como es obvio, esta ropa que se vende en el mercado, previamente, fue generada mediante el uso de una o varias materias primas.

En otras palabras, oferta y demanda, en este caso, son dos caras de la misma moneda. Dado que, atendiendo al ejemplo anterior de la industria textil, la oferta de bienes de consumo suele determinar la demanda de materias primas, como podemos observar.

Por lo tanto, ante esto que comentamos, veamos primero qué está ocurriendo en los bienes de consumo para ver si encontramos alguna explicación a esta subida histórica de los precios.

Una recuperación basada en estímulos

«La combinación de numerosos factores ha dado como resultado una fuerte recuperación de la demanda en muchos sectores, sobre todo ligados al consumo.»

Observemos, en primer lugar, el panorama económico mundial.

Ante una fuerte caída de la actividad en la primera mitad de 2020, los Gobiernos de todo el mundo han optado por impulsar la recuperación económica con políticas económicas expansivas, o lo que conocemos como estímulos. En línea con lo que comentó el Fondo Monetario Internacional (FMI), la respuesta ofrecida por los países ricos, de media, alcanzó cerca del 7% del PIB; mientras que en las economías emergentes de América Latina, por ejemplo, la respuesta rozó el 3%. En Estados Unidos, la movilización de recursos alcanzó el 11% del PIB.

Como vemos, los países han respondido con fuertes respuestas fiscales que, como era de esperar, han reactivado la demanda.

Gasto Fiscal
Fuente: BBC.

Así, conviene destacar que estas políticas son muy variadas, pudiendo ser tanto fiscales (programas de gasto social, planes de infraestructura, entre otros) como monetarias (ampliando la base monetaria y facilitando el crédito).

Ayudas Fiscales 1
Fuente: BBC.

Además, tampoco debemos olvidar que muchas familias optaron por recortar su consumo en 2020 y ahora están gastando una parte de lo que han ahorrado. Prueba de ello son las tasas de ahorro, que se dispararon con la pandemia. En la siguiente gráfica se recoge la tasa de ahorro de los hogares europeos durante la pandemia, la cual experimento su mayor incremento intertrimestral durante el primer trimestre. Sin embargo, dicha tasa alcanzó en el segundo trimestre el 24,6%, lo que representa la mayor proporción de toda la serie histórica, superando al 16,6% registrado en el primer trimestre y anotando un nuevo récord en materia de ahorro según los datos publicados por Eurostat.

Ahorro Eurozona
Fuente: Eurostat.

La combinación de todos estos factores ha dado como resultado una fuerte recuperación de la demanda en muchos sectores, sobre todo ligados al consumo. En Estados Unidos, por ejemplo, las ventas minoristas siguen subiendo y ya superan un 18% el nivel de junio de 2020. En China encontramos una tendencia similar, con un incremento interanual del 12,1%.

De esta manera podemos encontrar un crecimiento generalizado en numerosas industrias, como ocurre en el sector de las tecnologías de la comunicación o la construcción. Incluso en sectores muy castigados por las restricciones aplicadas por los Gobiernos, como el turismo o la hostelería, también vemos signos de recuperación a medida que estas prohibiciones se van relajando.

El rally de las materias primas

«El resultado de lo que comentábamos anteriormente ha sido un incremento del precio de las materias primas, algunas de las cuales destacan especialmente.»

Como podemos observar en la gráfica que se muestran a continuación, que muestra el Bloomberg Commodity Index –un índice utilizado para evaluar el precio generalizado de las materias primas–, el resultado de lo que comentábamos anteriormente, de esa combinación de factores, ha sido un incremento del precio de las materias primas, algunas de las cuales destacan especialmente.

El sector tecnológico, por ejemplo, parece estar presionando al alza los precios del cobre, el aluminio, el níquel, el zinc y el estaño. Por su parte, el repunte de la construcción y algunas industrias puede estar generando una mayor demanda de hierro, madera y plomo.

Bloomberg Commodity Index
Fuente: Bloomberg.

También podemos observar una evolución creciente en el precio de las fuentes de energía no renovables.

En este sentido, cabe destacar que si bien las más mencionadas en los medios son el petróleo y el gas natural, el mayor aumento de precios lo ha experimentado el carbón. En un mundo donde todos los Gobiernos presumen de esforzarse por reducir las emisiones de CO2, este hecho puede parecer contradictorio, pero no olvidemos que sobre el carbón han influido factores como el aumento de la demanda china, un verano especialmente caluroso en Europa o el incremento en los precios de los derechos de emisión de CO2.

Algo más moderado es el aumento del precio de los alimentos, aunque esto se debe, en parte, a que la demanda de estos productos no cayó tanto en 2020. Esto significa que al contar con un punto de partida más alto que la energía o los metales, su aumento relativo es menor. Por este motivo no vemos incrementos tan acusados en este sector, más allá de un importante crecimiento en determinados productos como el maíz, el café o la soja.

¿Qué dice la economía clásica al respecto?

«Muchos empresarios temen que la subida de costes suponga una amenaza para la rentabilidad de sus negocios

Como es natural, un crecimiento tan generalizado en los precios de las materias primas ha despertado la preocupación de los empresarios en todo el mundo, muchos de los cuales temen que esto se traduzca en un aumento de sus costes. Como suele ocurrir en estos casos, es posible que muchas empresas tengan que elegir entre absorber ese coste adicional, manteniendo los precios y sacrificando su margen de ganancias, o subir los precios para intentar salvar sus beneficios, aún a costa de perder clientes.

Este dilema es aún más problemático para las empresas cuyos proyectos dependen del endeudamiento externo o de planes estatales de estímulo, pues corren el riesgo de que sus costes se disparen por encima de lo presupuestado y la financiación inicial sea insuficiente. Proyectos de infraestructura o de construcción de viviendas, por ejemplo, podrían llegar a encontrarse en esta situación en un futuro no muy lejano, como ya han advertido varios analistas de estos sectores.

También son muy numerosos los economistas que advierten de la posibilidad de que este aumento de costes se traduzca automáticamente en un incremento generalizado de todos los precios al consumo. Según su punto de vista, desarrollado por la escuela clásica y ampliamente aceptado hoy en día, los precios se forman sumando los costes de producción al margen de beneficio en cada etapa del proceso productivo. Como es lógico, bajo esta hipótesis, cualquier aumento de costes sería trasladado íntegramente al consumidor a través de una subida de precios equivalente.

Si utilizamos ese enfoque para analizar la situación actual podremos deducir rápidamente que los precios al consumo están subiendo por el aumento del precio de las materias primas. El problema es que no nos ayuda en absoluto a entender por qué las materias primas son cada vez más caras, lo que nos obliga a recurrir a una hipótesis alternativa.

Un enfoque alternativo: la visión austríaca

«En economía siempre es difícil establecer con total seguridad una relación causal, pero con los datos en la mano parece que el modelo elaborado por Mises es plenamente aplicable.»

El economista austríaco Ludwig von Mises planteó, a principios del siglo XX, una relación inversa. Es decir, que los precios al consumo determinan los costes de producción y no al revés, como cree la escuela clásica.

Bajo esta óptica, los empresarios estiman el precio que sus clientes están dispuestos a pagar, y de acuerdo con estas previsiones, ajustan su producción. De esta manera, si la demanda de bienes de consumo crece, su precio tenderá a subir, por lo que se generarán incentivos para que las empresas amplíen la oferta de estos productos.

Lo que ocurre es que al aumentar la producción de bienes de consumo, las empresas necesitarán más materias primas, lo cual hace crecer su demanda y presiona al alza los precios de éstas. Es así cómo las preferencias de los consumidores finales de un producto pueden acabar determinando, en gran medida, sus costes de producción; dado que los movimientos de precios pueden transmitirse hasta el inicio del ciclo productivo, afectando incluso a las materias primas.

Si bien numerosos economistas no están de acuerdo con este modelo, es innegable que en este caso parece explicar de forma mucho más convincente las subidas de precios que estamos viendo en los mercados de materias primas.

Si recreamos lo ocurrido cronológicamente, veremos que el primer suceso que vimos fue la aplicación de los planes de estímulo, la expansión monetaria y la recuperación del gasto de las familias a finales de 2020. Ya en los primeros meses de 2021, lo que crecía era la producción en sectores como la construcción y la industria. En el segundo trimestre de este año ya tomaba forma el rally de las materias primas.

En economía siempre es difícil establecer con total seguridad una relación causal, pero con los datos en la mano parece que el modelo elaborado por Mises es plenamente aplicable. La sucesión de eventos que hemos mencionado, así como la sinergia que están demostrando los precios y la producción pueden demostrarlo. Es tan sencillo como conectar los puntos.

¿Qué podemos esperar en el futuro?

«Es evidente que el encarecimiento generalizado de las materias primas corre el riesgo de convertirse en un problema para muchos sectores y en una gran oportunidad para otros.»

Aún más difícil es predecir la evolución de esta tendencia en los precios, especialmente por la variedad de factores que pueden dar lugar a efectos impensados.

Pensemos, por ejemplo, que un retroceso de la situación sanitaria puede dar lugar a medidas restrictivas sobre la economía, lo que podría revertir el ciclo alcista de la producción y los precios. Algo similar podría ocurrir si el consumo crece por debajo de lo previsto y las empresas se ven obligadas a moderar sus planes de expansión.

Por el lado de la oferta también podríamos ver cambios, a pesar de que, a priori, un aumento en el precio de las materias primas genera incentivos para incrementar su producción. El motivo es que muchos recursos naturales solamente pueden ser explotados a un ritmo determinado, el cual, en el mejor de los casos, se puede acelerar a costa de grandes inversiones. Por tanto, es posible que algunas empresas no tengan tiempo de reponer su stock a la misma velocidad a la que dan salida a sus productos, y esto podría mantener los precios altos sin que aumente, y en la misma medida, la producción.

Con todo, se espera que este incremento, como comentan los bancos centrales, sea un incremento transitorio. Los cortes en las cadenas de suministro, el incremento en el precio de los fletes marítimos (70% de la mercancía global se mueve por mar), así como otros factores no mencionados previamente, también inciden en el alza que experimentan las materias primas. Un alza que, como decíamos, podría comenzar a moderarse en los próximos meses, en tanto en cuanto se vayan estabilizando la oferta y la demanda, adaptándose ambas variables a la era postcovid.

En cualquier caso, es evidente que el encarecimiento generalizado de las materias primas corre el riesgo de convertirse en un problema para muchos sectores y en una gran oportunidad para otros. Por este motivo, hoy podemos ver cómo las noticias recogen la preocupación de numerosos empresarios sobre la amenaza que esto supone para la rentabilidad de sus proyectos.

Puede parecer irónico, pero es curioso observar cómo los Gobiernos lanzan planes de expansión económica para reactivar la producción y, cuando lo consiguen, los empresarios se quejan de una subida de costes que ellos mismos han producido. Una de las tantas paradojas de nuestro tiempo, que demuestra que la obra de Mises, así como el debate económico, siguen plenamente vigentes un siglo más tarde.

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